Se acabó, al igual que se acaba de leer un libro, al igual que acaban las noches eternas con la salida del sol.
"Para siempre", ¿recuerdas? y por un tiempo me lo creí.
Acaricio el cristal de la ventana imaginando tu piel, fuera no deja de llover,
y todo está tan gris que no se diferencia la noche del día.
Tengo ganas de todo y de nada, de ti y de mí, de mí y de no sentirme tan perdida. Me faltas tú y solo quedo yo, que se supone que es lo que quería.
Melancolía, lluvia y canciones tristes y, ¿por qué no?, una botella de whisky, cuando yo nunca bebo...
Será que de tanto quererte, deje de quererme y ahora solo me queda el recuerdo.
He mirado en el espejo y he visto un cuerpo vacío y un rostro desconocido del todo. "Quizá se trate de un mapache", pensé, y eso me hizo reír... y al momento volver a llorar.
Pero no pasa nada, "Stay Strong"... y enciendo un piti de la marca Chester,
solo porque eran tus favoritos y el olor me recuerda a ti.
¿Como es posible que el mismo amor que un día me salvó
de saltar al precipicio ahora me empuje a él?
Pasamos de matar el tiempo,
los obstáculos,
la distancia,
la tristeza,
las noches
y el frío,
a dejar morir los besos,
el amor,
las ganas,
las sonrisas,
los buenos días
y los "Te quiero".
Todo por creernos invencibles.
Y ahora yo mataré
los días,
semanas,
meses,
o años;
pensando en ti,
ahogando las dudas de si queda algo por salvar,
llorando la muerte de la osadía que es querernos...
Hasta quedarme seca, cambiar de libro o volver a ver la salida del sol.
"Si amas una flor, no la recojas. Porque si lo haces esta morirá y dejará de ser lo que amas. Entonces si amas una flor, déjala ser. El amor no se trata de posesión, se trata de apreciación." -Osho.
Birdy - Wings
Necesito olvidarme del "tú eres mío y yo soy tuya". Es como meterse en una mazmorra, para vivir el inviernos más sombrío... Por eso hoy propongo inventar algo nuevo; un lugar único y nuestro, donde la brisa del mar sea tan suave como el tacto de tus dedos cuando rozas mi mano al pasear, donde nuestra risa sea el himno más solemne, y la música de fondo vaya acorde con mis pulsaciones al sentir tu aliento en mi piel. E inventar para ese enigmático lugar una nueva estación del veinte al veintiuno de marzo, que dure lo mismo que un concierto de rock y el tiempo suficiente para descargar en ti toda mi adrenalina. Que reine la libertad de expresar todo lo que se nos pase por la cabeza, el deber de escuchar y ponerse en la piel del otro antes de hablar. Apreciar por ley cada detalle que te haga feliz y por única prohibición, el engaño. No busques trenes, barcos o avión, solo se puede llegar amando. No hay fechas ni horarios de ida, tan solo quiéreme, aquí y ahora, para aparecer en ese mágico lugar donde la morriña al marchar será tan fuerte como las ganas de besarnos al sentirnos cerca... ¿Te lo imaginas? Compartir ese lugar con alguien que te haga sentir que estás flotando, que puedes volar, vivir una historia de amor, no un aburrido o insano noviazgo, sino crear un vínculo especial, de esos que dejan huella. Que esa persona te aporte paz en los momentos más turbios y locura en los inertes, que te apoye en lo malo y lo bueno, también que valore tu apoyo cuando lo haces tú, sentir como ese alguien te anima a seguir adelante con tus pasiones y proyectos, y que ese sentimiento sea recíproco. Que la confianza creada no permita cabida a los celos o las inseguridades, porque sabes que tu compañero de aventuras puede vivirlas sin ti, pero quiere compartirlas contigo...
(Imagen de la película: El Diario de Noa.)
Un picnic en el parque, una excursión o un paseo, patinar, correr o surcar las olas juntos, una cena romántica o un simple café en una terraza de tu pueblo.
Jugar, divertirnos como niños y valorarnos como adultos. Un abrazo, una mirada cómplice, comernos a besos cada vez en un lugar distinto o hacer el amor hasta la madrugada.
Sentirnos vivos y libres, cada uno con sus sueños, sus aficiones, manías e inquietudes, pero compartiendo una misma vida, aprendiendo uno del otro,
experimentando y haciendo nuestros momentos inolvidables.
Me cuesta imaginarme finales felices, pero sé que algo así lo tendría.
Esta es la historia de una chica, una chica que conocí en extrañas circunstancias. Era una chica tan fría... sin embargo quemaba todo aquello que tocaba. Le gustaba provocar incendios, me apuesto una mano a que haría arder un glaciar... Por eso y entre otras cosas la bauticé con el nombre de "pirómana esquimal".
Tan cierto como que solo pasamos un día entero juntos es que fue suficiente para saber que no era como las demás. Me hablaba con total confianza, pero en un tono muy autoritario a pesar de sus veinte y pocas primaveras. Le gustaba ponerme nervioso, controlaba de cualquier tema y en muchas ocasiones hacía preguntas que ella misma respondía. Era como ver relámpagos caer y no poder apartar la vista, porque te gusta demasiado lo que ves.
Recuerdo cuando al fin me hizo arder sobre la fría cama del hotel donde se hospedaba. Hasta el día siguiente no note las quemaduras. Me desperté y ya no estaba, me había dejado una nota: "Ha sido un placer pasar el día contigo, pero no eres el hombre que estaba buscando". No entendí muy bien la nota, no me había querido decir su nombre, no tenía su número y mucho menos su dirección. A pesar de que me había dicho que estaba de paso y que posiblemente no volviese, fui varias mañanas seguidas al super donde la conocí, pasaba cada tarde por aquel parque donde la invité a merendar y varias noches me encontraba emborrachándome en el bar donde me besó por primera vez, pero nada. Había desaparecido y solo me había dejado su recuerdo, una nota y la factura sin pagar de su estancia de fin de semana. A pesar de todo no estoy enfadado, porque es la prueba de que no fue un sueño, sino algo real y que esa mujer está en algún lugar. Es posible que pasado tanto tiempo haya encontrado al hombre adecuado o quizá siga provocando incendios en el polo norte, ¡quién sabe!
¿Sabes? Echo de menos los nervios previos a volver a verte cuando me venias a buscar después de estar un tiempo en madrid.
Esos nervios y esa alegría que se incrementaba a medida que pasaban los minutos y se acortaba la distancia.
Los echo de menos, porque después de eso sabía que ibamos a estar juntos y todo lo demás ya daba igual, solo pensaba en aprovechar los días y saborear cada minuto.
No sé como lo haces, pero cualquier preocupación pierde importacia si te tengo cerca.
Aún recuerdo la emoción de reconocerte a lo lejos y las ganas de correr a abrazarte... viviría toda la vida entre tus brazos si pudiese.
Como no lo voy a echar de menos...
Estabamos bien, y era la mejor sensación del mundo.
A noche soñé contigo. A veces me pasa... ¿A veces? No. Mentiría si no confieso que ocurre cada noche, y ya has descubierto que no me gustan las mentiras. Odio el engaño, hasta tal punto que he llegado a encontrar algo hermoso en las verdades que duelen, pues todo se tercia más real con dolor. Y aunque son muchas mis ansias de volar, hay demasiadas raíces bajo tierra.
Soy capaz de engañarme a mí misma, pero a nadie más que no sea yo, ni si quiera a ti. Por eso, cansada de ahogarme, decidí tallar con el árbol un barquito de madera. Hoy mi cupo de autoengaños está completo, porque como ya he dicho, ahora exploro lo bonito de las verdades que duelen.
En fin, ya lo sabes. Cada noche te sueño, y de muchas maneras. De tantas como a una persona se puede amar o desear. Y de tantas como yo soy capaz de sufrir y aguantar, o quizás de estas últimas más. Y al despertar no puedo evitar odiarte. ¿Dónde estás? Mi cama te echa de menos. Y odiarme, sobre todo odiarme.
Por olvidar el motivo de haberte echado de mi vida, por lo absurdo de mi manía de atenuar el dolor que me provocas volviendo a ti.
¡Qué desesperación!
Sí, cada noche te sueño. Cada vez que cierro los ojos y me imagino que todo va bien, pero mi subconsciente me despierta mostrando la realidad de los peores momentos, y así, paso las noches en vela.
Tú me provocas insomnio, solo tú vuelves mi mundo del revés, tú alimentas mi arraigada mitofobia, y aun así, que alguien me perdone, pero...
Crecemos esperando llegar a una edad en la que sentirnos seguros y expertos en este "juego", pero pasan los años y te das cuenta de que nunca llegas a sentirte tan mayor como esperabas y, con frecuencia, te preguntas: ¿Qué sentido tiene la vida?. Tendrás una familia, una casa, dinero, crecerás entre juguetes y cariño, irás al colegio, al instituto, quizás a la universidad, aprenderás un oficio, con suerte te enamorarás y formarás una familia para que la historia se repita; y, cuando ya tengas todo por lo que tanto luchaste, solo tardarás un mísero segundo en desaparecer, sin embargo, ni siquiera todo el mundo puede disfrutar de una vida así.
Injusta. "La vida es injusta" suelo pensar cuando me acuerdo de un par de desperfectos de la mía porque, claro, es muy fácil autocompadecerse, pero cuando lo piensas mejor te dices:
"Coño, ¿de qué vas?!". Tengo techo, comida y cama, gente que me quiere, educación y libertad de expresión. ¿Qué más puedo pedir?
Ah, claro me olvidaba de que, al fin y al cabo, somos humanos y siempre pretendemos una absurda perfección inalcanzable, porque queridos amigos, la perfección no existe.
La pregunta era que que sentido tiene la vida, ¿no? Pues, para mí, ninguno y cuanto más busques peor será.
Pero da igual, apartemos el drama de estas palabras, por favor. No tiene sentido, y nunca lo tendrá si tú no se lo das.
Olvídate de lo malo del "ayer" y quédate con lo bueno para vivir un "hoy" sin remordimiento.
Procúrate un "mañana" sin olvidarte de vivir el momento, porque ese "mañana" quizás no exista.
Cambia el papel de víctima y deja atrás la autocompasión, olvídate de que un día el llorar fue costumbre, aprende a ser feliz a base de pequeños placeres, créate tus propias metas, busca tus motivaciones y descubre que la vida no es un drama,
tan solo es una tragicomedia más en la que es mejor reír a desesperar.
Aquí os dejo una imagen de una de esas películas que todo
el mundo debería ver.
La vida es bella (La vita è bella en italiano) es una película de 1997, escrita, dirigida y protagonizada por Roberto Benigni. Está basada en el libro Al final derroté a Hitler, de Rubino Romero Salmoni, que estuvo prisionero durante tres años en el campo de concentració de Bergen-Belsen y logró sobrevivir. La película fue un gran éxito financiero y de crítica, y ganó tres Oscar, a la Mejor Banda Sonora, al Mejor Actor y a la Mejor Película Extranjera en la ceremonia de 1998, además de muchos otros galardones internacionales.