En ocasiones me gustaría dejar de escribir, y que por una vez, fueses tú quien escribiese por mí.
Que plasmases en un lienzo cada uno de los silencios que no logro descifrar.
A veces, me gustaría parar el reloj, coger la arena, y soltarla despacio sobre tu piel.
Contemplar como se desliza por tu espalda, y que las cosquillas despertasen algo en ti.
Algo que te diese vida.
Una vida que apuntase a mí.
Con el corazón o con la pistola.
Que la escala de grises se nos ha vuelto pequeña, y jugar a la ruleta rusa es lo único que nos queda.
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