Así como extraño, se siente y se sienta,
esperando a que alguien le invite a bailar.
Nadie se acerca.
Pide otra ronda de melancolía, y da otra calada a las ganas de abandonar.
Deambula aturdido por las esquinas.
Como quien no quiere vivir más,
como quien ya no reconoce su cuerpo como suyo. Camina invisible.
Nadie lo mira, ni sabe,
ni se pregunta a donde va.
A nadie parece importar su marcha,
Ni la procedencia de su olor a fracaso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario